Sí, definitivamente, soy tonta. Todos los veranos me pasa lo mismo. Ilusiones en el aire que haces lo imposible por alcanzar con aquella persona que pasas los mejores meses del año para que de un día para otro todo cambie, todo vuelva a la normalidad. Yo tendré que regresar a mi casa con un sentimiento que me mata por dentro que cree que no podre seguir sin ti. Éste sentimiento que lucha por olvidar que hasta que pase el duro invierno no volveré a verte. Noches en la playa mirando las estrellas donde lo único que luchaba eran tus manos sobre mi piel, tus labios sobre mi cuello que producían ese cosquilleo por todo mi cuerpo tan intenso haciéndome reír como una idiota. Tus abrazos alejaban el frío de mi. Tardes en la piscina donde tu disfrutabas haciéndome de rabiar, enfados en los que siempre acababa en tus brazos y mientras yo gritaba con tono enfadado que me soltaras, tú ignorabas mis comentarios, y con esa sonrisa perfecta que acababa contagiándome, te acercabas al agua. Yo cada vez mas pegada a ti y agarrándote con mas fuerza. Y tú saltabas a la piscina, y en esa porción de segundo en la que nos suspendíamos en el aire nos agarrábamos más fuerte haciéndonos sentir seguros el uno del otro. Pero como todo, las perfectas historias de amor de verano tienen su final. Duras despedidas donde pierdes el habla y dejas que los gestos hablen por ti. Un simple adiós, un abrazo seco que luchaba por romperse y sacar todos los sentimientos que de verdad había entre nosotros. Y con esta triste despedida, después de todos los momentos especiales juntos, al girar mi cuerpo y comprobar que ya nadie me pudiera ver, mis ojos se volvieron cristalinos y yo aguantando para que esas lagrimas no lograran resbalar por mis mejillas. Pero el amor puede hacer que la persona más fuerte se debilite. Y las dichosas lagrimas no dejaban de caer mientras mi cabeza le daba vueltas a todo el verano.
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