Hagamos un trato.
De desayunar habrá tostadas y café caliente recién hecho. Pero no digo una vez, digo todos los días de mi vida. ¿Peleas?  las justas. Alguna de vez en cuando, no por nada, sino porque me encantan las reconciliaciones.
Te prometo carreras del salón a la cama, y ahí cientos de peleas de almohadas hasta que tu sonrisa le gane a mi mirada. Y terminaremos amándonos como locos.
Te haré tartas de postre. Y si quieres te esperare despierta cuando llegues tarde. 
A cambio de eso, yo no te pido nada. Simplemente que estés conmigo.
Ese es el trato. ¿Lo aceptas?
Ella era frágil. Pero ocultaba su fragilidad bajo una sonrisa que encantaba a todos a su alrededor. Se tragaba todo el sufrimiento durante el día, y por las noches... se recontaba en su cama y liberada sus lágrimas en la almohada. Se dormía así, cansada de llorar y de pensar en lo débil que era. Para levantarse al día siguiente y forzar nuevamente esa sonrisa, con la esperanza de que alguien la cogieran del hombro, la mirara a los ojos y le susurrara un ``¿Qué te pasa? Sé que no estás bien.´´
-Duele...
+¿Que?
- Ver cómo pasan los días y no saber de ti, echarte de menos y que no me eches de menos a mi, duele ver cómo dolíamos hablar por horas, ahora hasta un ``hola´´ se ha vuelto difícil, duele no haber significado ni una cuarta parte de lo que significaste para mí.
Que la locura invada nuestro mundo en cada momento que estemos juntos. Un mundo donde solo estemos tú y yo. Y que nadie nos entienda, tan solo nosotros. Que podamos gritar te quiero a los cuatro vientos sin temer al que dirán. Porque deseo estar así contigo siempre. Ser uno. Besarnos hasta quedarnos sin aire. Reír con esa risa tonta que me sale con solo verte. Apretarte los mofletes y reír por nuestras caras al hacer el idiota.