Hoy me he levantado con ganas de gritarle al mundo que soy feliz. Me encuentro en un momento en mi vida en el que, a pesar de que no todo es perfecto, me han ido ocurriendo cosas que me den motivos para sonreír cada día.
Esta mañana he recibido un mensaje, de esos que te hacen gritar por dentro y pegar brincos frente al espejo para observar la felicidad que desprenden a veces las miradas. Me ha llegado un mensaje, corto, pero de esos que tienen la capacidad de producir más que un libro.
Carlos, ese chico de veintitrés años que jamás me podía imaginar que me hablaría. A mi, me estaba hablando a mi.
Y se que para muchos esto será una tontería, pero ¿quién no a recibido alguna vez alguno de estos mensajes que te dejan sin habla y que tardas la vida en escribir la respuesta correcta.
Y si, hoy estoy feliz, soy feliz. Y quiero gritarlo.
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