Treinta y uno de Diciembre, un día que esperamos todos durante el
año. Un día en el que te reúnes con todas esas personas que quieres. Una noche
en la que disfrutas de cada minuto. Tras la media noche vas a la fiesta que
llevas preparando meses, te pones el vestido nuevo y te maquillas dispuesta a
ser la princesa de la noche.
La noche vieja del año pasado para mí, de momento,
fue la mejor de todas. Después de haber estado toda la tarde preparándome, peinándome,
pintándome las uñas, vistiéndome, etc. Llegó el momento esperado de ir al
pequeño local de mi barrio donde estaban todos mis amigos y gente que no conocía.
La noche empezó mal. La música no sonaba bien. Había gente con la
que no había hablado nunca. Pero a medida que pasaban las horas y el alcohol
iba haciendo su efecto, la vergüenza se perdía bajo el vaso.
Mi mejor amiga y yo dispuestas a darlo todo en esa noche que ya se
animaba, fuimos al sitio donde estaba la música a pedirle al chico una canción
que nos gustaba. Y ahí estaba…
El chico no nos hizo caso y no nos quería poner la canción que
nosotras queríamos y nos fuimos un poco enfadadas. Pero eso no nos quitó la
alegría y continuamos con nuestros bailes riendo como locas sin que nos importara quien
nos mirara.
Entre baile y baile me choqué con un chico mayor y al mirarle
reconocí que era un amigo de mi primo, Peter, al enterarse que era la prima de
su amigo me dijo que luego vendría a por mí para llevarme con sus amigos que según él eran muy simpáticos. Y,
efectivamente, no se cuanto tiempo pasó pero me lo volví a cruzar y me llevo al
fondo del local donde estaban todos los amigos de mi primo, chicos que me
sacaban unos cinco o seis años. Y ahí estaba él…
Peter me metió en el grupo y de frente me lo encontré. Ahí estaba
el graciosillo que no nos quiso poner la canción que queríamos a mi amiga y a mí.
Me cogió del brazo y al girarme me sonrió. Yo le miré mal. Él se empezó a reír
y me llevo donde estaba la música y me dijo que iba a poner una canción para
mi, solo para mi. Estaba demasiado centrada en su mirada que ni siquiera
escuche la canción. `` Me llamo Daniel, pero todos me llaman Enano.´´ Ese fue el
inicio de una larga conversación, donde no dejaba de hacerme reír y yo no
paraba de mirar esa sonrisa que me persigue en sueños. Yo le hablé de mí, él me
hablo de todos sus tatuajes. Cada vez que me rozaba sentía mariposas en el
estomago.
Las horas pasaban. Intercambiábamos
miradas y sonrisas. Y sin que nos diéramos cuenta apareció Peter a nuestro
lado. Y decidió contarle que era la prima de su amigo, lo que hizo que a
partir de ese momento me mirara diferente. Pero aún así decidió seguir hablando
conmigo, a pesar de que yo pensaba lo contrario. La larga conversación y las
risas siguieron. Hasta que por fin llegó…
Estábamos hablando y me di cuenta que no me acordaba de cual era
su nombre, solo me acordaba que le llamaban Enano. Y al decírselo se cabreó.
Entonces, yo, rápidamente, pensando que no se daría cuenta se lo pregunté a un
amigo suyo. Y volví con él, me miró cabreado pero a la vez con una sonrisa que
jamás olvidare. `` Daniel, ya me he acordado. Jo venga no te enfadas, que me he
acordado.´´. Y se le ocurrió una idea. `` Hagamos una apuesta, voy ha
preguntarle a mi amigo si te ha dicho mi nombre. si se lo has preguntado me debes
algo. Un beso. ´´